A 90 años de la muerte de Pedro Demby, la primera víctima de la violencia del fútbol del Río de la Plata

Los equipos de Argentina y Uruguay saludan al público 
antes del comienzo de la final de la Copa América. 
El final del encuentro mostró una imagen curiosa para aquellos tiempos de fuerte rivalidad entre las selecciones de fútbol de Uruguay y Argentina: Romano y Zibechi, dos jugadores orientales, llevaron en andas a Américo Tesorieri, el arquero rival, que fue aplaudido por el público por su destacada actuación. Aquella muestra de fair play fue el broche de oro de la disputada final de la Copa América de 1924, que terminaría en empate en cero y consagraría a los uruguayos como campeones. Sin embargo, las muestras de paz y caballerosidad del estadio Parque Central de Montevideo cederían paso a la barbarie pocas horas después. A la noche, un enfrentamiento en las calles entre fanáticos argentinos y uruguayos terminaría con la muerte del joven Pedro Demby, quien el 3 de noviembre de 1924 se trasformaba en primer hincha fallecido por la violencia del fútbol del Río de la Plata. Una historia que desde hace 90 años permanece impune.

El gran duelo

El equipo uruguayo se había consagrado campeón olímpico en julio de 1924 en París. Argentina no había participado de aquel torneo, por lo que los futbolistas y los fanáticos albicelestes veían los encuentros por la Copa América como la posibilidad de imponerse al equipo más poderoso de la época.

El primer partido de la Copa América entre ambos equipos se disputó el 29 de septiembre en el estadio de Sportivo Barracas, en Buenos Aires. El público presente superaba con creces la capacidad del lugar, por lo que una invasión del campo de juego obligó a suspender el encuentro.

Imágenes de la final de la Copa América de 1924
Tres días más tarde, para prevenir incidentes, las autoridades implementaron por primera vez en la historia del fútbol un alambrado perimetral para proteger el campo de juego. Sin incidentes, el partido finalizó con victoria argentina por 2 a 1. El segundo tanto fue anotado por Cesáreo Onzari, quien marcó luego de ejecutar un tiro de esquina sin que la pelota fuese tocada por algún jugador. Había nacido el gol olímpico.

La revancha se jugaría un mes más tarde en el estadio Parque Central de Montevideo. La violencia que se había manifestado en el primer encuentro era un tema candente, a tal punto que, poco tiempo antes, un grupo de diputados uruguayos había propuesto una ley para prohibir nuevos encuentros entre la celeste y otras selecciones nacionales, para evitar nuevos enfrentamientos. "Yo confío también en que los orientales, que para siempre ostentan el título de campeones, demuestren que el espíritu olímpico reina en el pueblo”, afirmó entonces el presidente José Serrato, quien vetaría el proyecto. Para evitar incidentes en el duelo ante Argentina, más de 400 policías custodiaron el estadio y sus alrededores. Serrato y su par argentino, Marcelo Torcuato de Alvear, siguieron el partido en el palco oficial. El fútbol parecía ser un asunto de estado en el Río de la Plata.

El encuentro terminó 0 a 0 y el resultado le permitió a Uruguay consagrarse campeón de la Copa América por segundo año consecutivo. Los celestes habían vencido en la previa a Chile y Paraguay. El buen comportamiento de los espectadores ocupó un lugar destacado en las crónicas de los diarios de la época. Pocas horas más tarde, la fiesta del fútbol cedería paso a la tragedia.


La noche de Montevideo

La noticia de la muerte de Demby en el diario Crítica
Eran las 21.30 cuando un grupo de hinchas argentinos se juntaron en la puerta del hotel Colón, donde se alojaba la delegación albiceleste. En plena Ciudad Vieja de Montevideo, los fanáticos comenzaron a cantar a favor de su equipo y los futbolistas salieron a los balcones a saludar. A unos metros, un hombre uruguayo comenzó a gritar por su selección. Jugadores e hinchas argentinos pronto comenzaron a retrucar con cantos e insultos. Ya entonces, el fanático oriental estaba acompañado por un grupo de compatriotas, que cantaban contra sus rivales. Pronto comenzaron a volar objetos. Siguió una violenta pelea cuerpo a cuerpo, donde también participaron los futbolistas argentinos.

De pronto se oyó un disparo. Los uruguayos huyeron corriendo. Los argentinos se refugiaron en el hotel. En plena calle, en medio de charco de sangre, yacía el cuerpo de Pedro Demby. Este empleado bancario de 26 años se había sumado a sus compatriotas al ver los insultos que recibían de sus rivales. En la pelea, castigó duramente a varios argentinos. El balazo le atravesó la garganta. Además, otros dos hombres resultaron heridos.

Pese al crimen, jugadores e hinchas argentinos partieron rápidamente al puerto de Montevideo para tomar el barco de regreso a Buenos Aires. Cerca de allí, grupos de fanáticos volvieron a enfrentarse a los golpes. Pero aun así, el buque General Artigas partió con el agresor a bordo, incluso antes de la hora prevista. Poco después de las tres de la madrugada, Pedro Demby moría en una sala del sanatorio Navarro, convirtiéndose en la primera víctima por la violencia del fútbol del Río de la Plata.


El plan maestro

La investigación del crimen comenzó por un sombrero negro y una caja que había abandonado el asesino en la calle, que mostraban una inscripción de una casa de modas del barrio de La Boca. Los testigos identificaban al autor material como un hombre petiso. Otros lo vinculaban estrechamente con futbolistas como Tesorieri y Onzari, de la Selección Argentina y Boca Juniors.

Los futbolistas argentinos celebran en el bar "El Trapo". 
Juan Carlos Gómez Folle, jefe de la policía uruguaya, comenzó rápidamente a enviar radiogramas a Buenos Aires a partir de los datos que recogía. Allí informaba que el jugador Vaccaro había cobijado en su pieza del hotel Colón al autor del disparo y que otro testigo había declarado que el asesino paraba habitualmente en un bar del barrio de La Boca, en Buenos Aires, denominado “El Trapo”. Pasaban las horas y Gómez Folle veía que la policía argentina prestaba poca colaboración. Pero mientras la prensa uruguaya lo castigaba por su accionar, el jefe contaba con un plan maestro.

El 4 de noviembre, la Federación de Football de Argentina organizó un almuerzo en el restaurante de “El Trapo”, que era propiedad del arquero Tesorieri. Entre los concurrentes estaban los futbolistas de la selección, fanáticos del fútbol y periodistas del diario Crítica. Gómez Folle intuyó que allí debería estar el asesino de Demby. Al día siguiente, con el ejemplar del diario en mano, el policía se encontró con varios testigos, quienes reconocieron al agresor en una fotografía, detrás de Tesorieri. Entonces Gómez Folle decidió enviar al segundo Jefe de Investigaciones, Lorenzo López, a Buenos Aires.

López se presentó en la redacción del diario Crítica como un hombre desahuciado, en una situación económica desesperada. Allí pidió el negativo de la foto de los futbolistas y los fanáticos en el restaurant. Así, podría reproducir el ejemplar en varias copias y venderlas a los que allí aparecían, para poder ganar algo de dinero. Con astucia, López logró su cometido.

En el centro de la imagen, José Luis Lázaro Rodríguez,
alias "El Petiso", el supuesto asesino de Pedro Demby. 
Se dirigió entonces a “El Trapo”. En su mismo rol de pobre y necesitado, preguntó a los presentes la identidad y las direcciones de los hinchas que aparecían en la fotografía. Luego de vender varios ejemplares, López se marchó con los datos necesarios. El 24 de noviembre, el policía uruguayo llamó a la puerta de la casa de la calle Ministro Brin 1137. Del otro lado, lo recibió José Lázaro Rodríguez, alias "El Petiso", el supuesto asesino de Pedro Demby.

López rápidamente se contactó con el comisario Eduardo Santiago, de la Policía Federal Argentina, para solicitar la detención del agresor. La policía argentina protestó formalmente ante Uruguay por lo que consideraba una intromisión de sus fuerzas de seguridad en su territorio. Pero aún así, el 26 de noviembre, “El Petiso” fue enviado a la cárcel de Villa Devoto.

“El pueblo uruguayo quiere vengar la muerte de Demby y necesita un matador", escribió el diario Crítica para descalificar las pruebas que se presentaban contra Rodríguez. En su afán de defender al agresor, el periódico llegó a acusar al ex presidente uruguayo José Batlle y Ordóñez de dirigir la operación contra el presunto asesino. El acusado declaró ante el juez que nunca había abandonado Buenos Aires y que el día del partido había concurrido junto a unos amigos al hipódromo. Mientras tanto, la prensa oriental celebraba la detención.

Pese a las polémicas, Rodríguez permaneció un año y medio en prisión. Finalmente, su extradición a Uruguay nunca se concretó, por lo que nunca llegó a sentarse ante un tribunal. Demby se convirtió en el primer caso de una historia de violencia e impunidad que desde entonces vive el fútbol sudamericano.

1 comentario:

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